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Escritoras laguneras hablan sobre el fallecimiento de Pitol

Armando Rivera

Ayer fue hecho público el fallecimiento del escritor mexicano Sergio Pitol, autor de novelas, cuentos y ensayos que fueron galardonados con algunos de los premios más importantes en lengua española, como el Cervantes, que obtuvo en 2005.

Pitol no sólo destacó por su producción narrativa y ensayística, sino por su labor diplómática, que le permitió tener contacto con otras culturas literarias poco exploradas, hasta entonces, en las Latinoamerica. De ahí su exstenso trabajo como traductor de autores ingleses y polacos.

El autor, a pesar de ser oriundo de Puebla, tuvo un cariño especial por Veracruz, y estuvo vinculado, durante un largo periodo, con el departamento editorial de la Universidad Veracruzana.

Ahora que falleció, creadores relacioanados a las letras lo recuerdan con los siguientes comentarios.

 

Ruth Castro, encargada del área de Literatura del Instituto Municipal de Cultura y Educación

Es una pérdida significativa la de Sergio Pitol, un autor que no sólo tiene un producción literaria, sino que fue un importante traductor. Tiene incluso una colección en la Universidad Veracruzana, en donde se reúnen sus traducciones de escritores polacos e ingleses.

Lo raro que pasó con Pitol es que su labor diplomática lo alejó de las etiquetas y de los grupos, ya que no se le considera parte de ninguno. Sin embargo, y esto casi no lo sabe la gente, es un autor divertidísimo de leer, y que por eso vale la pena rescatarlo.

Nadia Contreras, poeta y directora de la Revista de Cultura Digital Bitácora de Vuelos

Se ha ido uno de los grandes de la literatura hispanoamericana. He leído una buena parte de la obra de Sergio Pitol, sobre todo sus cuentos y sus novelas. Hay, sin embargo, un libro que marcó una etapa muy difícil para mí: El arte de la fuga, publicado en 1996, por editorial Era. Y es que la vida, en ese momento, consistía en disfrazar las mentiras con recuerdos. Pitol, anticipaba la enfermedad que lo arrebataría de sus lectores, pero a mí me abrió un horizonte de posibilidades. Claro que esto, me presentó la obra de Borges, como antes, alguien que no recuerdo, me presentó la de Virginia Woolf. La cito aquí por las visiones, esas de las que Pitol, sacó la mayor de las ventajas. El recuerdo y la memoria, como el autor las plantea en este libro por medio de su narrador-personaje, fue (y es) una invitación a buscar en el “tiempo huido”. Esto fue en su momento muy fuerte para mí. Una especie de revelación. Creo que Pitol en parte, me hizo saber que un pasado sin recuerdos no debía costar tanta angustia. ¿Qué era la fuga? Esa entremezcla de tiempos, impulsos, visiones, sueños. Y ahí, la memoria, esa que “hurga en los pozos ocultos y de ellos extrae visiones”. El arte de la fuga me planteó el orden desordenado de otro caos. Estaba bien. Había insistido en catalogar el pasado-mentira como un inventario en el que importaban la fecha, el volumen, el peso, la caducidad, la cronología puntual, y ello, no era posible. El caos, comenzaría a darle forma a los contenidos de mi existencia.

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