Columnas

El día que el viejo Club reúne tanto periodista

 

Por Rogelio Hernández López

Eran inocultables las sonrisas de gusto en Teodoro Rentería Arroyáve y José Luis Uribe. Desde su lugar ellos veían a casi 400 personas, la mayoría periodistas veteranos a quienes ellos convocaron. Estaba a punto de saturación el gran auditorio que les prestó Joel Ayala, líder inalterable de la Federación de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE). Había buen ambiente, pero luego Uribe desentonó.

Y es que este era el día, de cada año cuando El Club Primera Plana (que fundaron en 1959 cinco jefes de información, amigos entre sí), logra juntar a tantos de sus pares o a sus más iguales. Esta fue la ceremonia número 25 para entregar reconocimientos por “Trayectoria” a toda mujer u hombre que labore en el periodismo, sin más requisitos de que diga cumplir otro quinquenio en esta actividad y aunque no sea socio. Ahora se concedieron unas 190 placas.

La liturgia

Esta vez fue el jueves 31 de agosto por la mañana. Ellos, trajes completos, corbatas recien planchadas, copetes bien peinados, cuando había; ellas vestidas como para coctel. Saludos y sonrisas por doquier entre viejos y muy viejos conocidos. Así fueron llenando el butaquerío. “Vamos a dejar aquí muchos kilos de polilla” se oía con recurrencia.

La formalidad entre informales. Los reencuentros sucedieron desde la hora de la cita y hasta 45 minutos después que inició la ceremonia, casi litúrgica. La banda de la policía capitalina, con uniforme de gala, con toda solemnidad entonó la marcha por honores a la bandera que desfiló por la escalinata. Luego, el himno nacional, después el maestro de ceremonias, bien ceremonioso presentó a todo el presídium, como se hace por costumbre hace muchas décadas. Lugar y acciones un poco fuera de moda, propias del posmodernismo, concepto sociológico que se acuño en los años 70 para referirse a quienes de culturizaron allá por los años 70 en los tiempos de los discursos alambicados, lisonjeros, en la era de predominancia del PRI, esa subcultura política y social que, entre otras cosas asimiló mucha de la autonomía del periodismo y los periodistas.

Y Cuando Uribe recriminó, pocos aplausos

Pero ese jueves, el primero en hablar y romper el esquema fue el actual relevo en la presidencia del Club Primera Plana, el veteranísimo reportero en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México, Jose Luis Uribe. Primero, respetuoso saludó a la mesa y a los concurrentes y luego desentonó. Pedía unidad, fraternidad, serenidad y prestar apoyo a los colegas en problemas (se refería a los amenazados, a los agredidos a los asesinados). Dijo:

“Los periodistas no estamos en contra del gobierno pero sí exigimos respeto a nuestros derechos y solución a los asesinatos y que se brinde protección a los periodistas que son víctimas de la delincuencia y coacción de poderosos…”

Y enumeró todo lo que otra corriente de periodistas hemos denunciado, desde 2010, como agravios al periodismo. Y también estableció su  posición, que matiza y endurece la tradicional de este Club:

“Estamos por una nación con más transparencia, sin impunidad, sin corrupción, ni simulación… sí defendemos la libertad de prensa y de expresión y la integridad de nuestros compañeros…”

Mandó un mensaje directo a Enrique Peña Nieto: para “que se reconozcan nuestros derechos y se den acciones para acabar con este flagelo de los asesinatos de periodistas…nosotros reafirmamos nuestro compromiso de informar porque eso es sustancial para la democracia… pero no queremos mártires sino condiciones básicas para trabajar”.

No se escuchó más que uno que otro aplauso en el auditorio al que seguía llegando gente. En la mesa del acto estaban extrañamente dos operadores de comunicación social de la Presidencia de la República;  Arnulfo Domínguez el periodista y Roberto Calleja, el también eterno comunicador de gobiernos quien llevaba la representación y “un mensaje cordial del señor Presidente de la República”.

Calleja, afable como siempre, saludó, lisonjeó, externó su “particular aprecio por que estos reconocimientos a periodistas los entregan sus pares y esto es lo más significativos”.  Y sobre las recriminaciones y mensajes del periodista presidente del Club sólo dijo:

“Recogemos, suscribimos, trasmitiremos  y nos solidarizamos con lo aquí planteado…

“Para terminar –añadió después– sólo diré que todas y todos los presentes, los ausentes, los empresarios, trabajadores, los políticos, los que trabajamos en puestos públicos, todos tenemos que estar unidos por una sola causa que se llama México”.

Las 190 placas

Después de eso la entrega una por una de 190 o quizá más placas grabadas a mujeres y hombres que persisten en esta actividad: uno por 70 años, cuatro por 65, entre los que se mencionó a Miguel López Azuara; cinco de 55 años y se aplaude a Abraham Mohamed; catorce por 55 años y suenan conocidos los nombres de Elías Chávez, Carlos Ferreyra Carrasco y Fernando Meraz; doce por 50 años y de estos Raúl Sánchez Carrillo llevaba porra

Luego una de las listas más numerosas: la de 45 años donde sobresalen Víctor Manuel Juárez, el fotógrafo Carlos Camacho, el reportero Gonzalo Álvarez del Villar, Francisco de la Sota, y así.

Se ven y se reconocen aquí a pocas mujeres de estas generaciones, en contraste se notan muchos periodistas de los estados y los que laboran en oficinas de comunicación de gobierno. La mayoría absoluta pone como apellido materno el nombre de sus revistas modestas o sitios web recientes, como es la moda por necesidad.

Y en los de 40 años en el oficio: Jorge Cantón Zetina, Arturo Zarate, Eduardo Arvizú (jefe de información de Televisa). Joel Hernández Santiago, Rogelio Hernández López, Luis Ignacio Jordá, Idelfonso Zapata…

Lo dicho en estas entregas, como cada año si se respeta la diversidad y pluralidad; periodistas de todo tipo de prácticas de casi todos los estados de la república; se reconoce por igual a quien haya ganado mucha, poca o escasísima credibilidad. El momento nos junta, no sólo la entrega de una placa por trayectoria, sin calificar cómo ha sido ésta, sino que ahora añade un mensaje de unidad ante el ciclo de infortunios, que ahora viene de la organización más antigua de periodistas, como es el Club Primera Plana.

Por mi parte gracias por invitarme a testificar esta ceremonia y por la placa. Sinceramente espero que la nueva actitud solidaria y unificadora sea sincera.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *