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Miradas de reportero: Periodistas, ubiquemos el origen de la violencia en estas insurrecciones

Por Rogelio Hernández López
Sorpresa, azoro, es lo menos que provoca entre periodistas veteranos un nuevo ciclo de insubordinación cívica. El que se desató desde el primer día del año, parece secuela de las insurreciones masivas más recientes de 2014 y de 2016, pero éste tiene nuevos ingredientes: los brotes son en todo el país, no provienen de un sólo polo que se identifique, pero ahora agregan brotes de otro tipo de violencia, con saqueos y vandalismo concertados, como no se había visto en el México contemporáneo.
Lo peor de estos días, es que el sector central del Estado reacciona con lentitud. Hay quienes interpretan que busca justificaciones para atajar la violencia insurrecional sincera con la violencia oficial. Pero crece otra hipótesis; que alguna o algunas bandas de delincuencia organizada midieron la atmósfera de insubordinación cívica y decidieron atizarla, en esos segmentos de población depauperados y lumpenizados donde reclutan a sus halcones y sicarios y convertirlos en focos de violencia.
Un riesgo mayor
Lo que ocurre ahora y que se detonó por el gasolinazo se explica en parte en un proceso estructural de crecimiento geométrico, ciclo de acumulación de auténtico descontento social, que se agudizó en este sexenio gubernamental. Pero ahora hay otro ingrediente en las expresiones más violentas: planeación y concertación en zonas específicas que no parece provenir de los actores sociales y políticos o sea de los partidos o movimientos políticos y sociales.
Los centros de investigación sobre gubernabilidad y las áreas de inteligencia de seguridad, de Marina y el Ejército deben estar buscando las coordenadas de quienes atizaron la violencia delincuencial y hacerla parecer como parte de la insurrección cívica verdadera. En cualquier caso existe el riesgo, como tradición histórica de les gane la tentación de repetir el esquema de represión del Estado desatada (selectiva contra líderes disidentes y masiva contra sectores radicalizados) Como periodistas tenemos que estar atentos.
La acumulación
Para ubicar mejor los hechos noticiosos ligados a este ciclo, ofrezco a las y los colegas periodistas algunos datos de los perfiles de las reacciones sociales de insubordinación
Insurrección es: “Un movimiento generalizado de un núcleo de individuos contra el poder dominante que generalmente es el gobierno. … movimientos voluntaristas o espontaneistas pudieron haberlo generado. (Diccionario de Política. Bobio, Matteucci y Giafranco. 7a edición. Siglo XXI editores).
David Cilia Olmos, investigador académico y escritor revisó los movimientos sociales masivos en varias etapas y concluyó que han ido a la alza en cantidad, frecuencia y en el número de participantes. Las grandes movilizaciones de 1957 a 1966 involucraron a cientos de participantes; después de 1968 implicaron a decenas de miles en los movimientos sindicales de los 70´s, y de resistencia al fraude electoral del 1988. Del año 2000 en adelante, refiere, “se cuentan cientos de miles de personas”.
Más intensidad con EPN
Un recuento que circulé en marzo de 2014 mostró que bajo el régimen de Enrique Peña Nieto se han multiplicado las insubordinaciones cívicas casi con la misma intensidad que han caído sus niveles de aceptación ciudadana en las encuestas. Insubordinaciones que iniciaron el sexenio con movimiento   yosoy132. Cito algunas muy importantes del segundo año de gobierno:
El movimiento del IPN que, en su movilización mayor ocupó tres kilómetros de Paseo de la Reforma (septiembre); la concentración de más de 200 mil personas, a convocatoria de Morena, que desbordó la plancha central del Zócalo de la ciudad de México (octubre); la Acción Global por los 43 estudiantes de Ayotzinapa en 50 ciudades de México (octubre).
En junio de 2016, hace menos de un año, se acumuló otro ciclo de inconformidades masivas en las que comenzó a expresarse la violencia, como táctica política, pero en instalaciones del Estado involucradas con los fotos de descontento.
La efervescencia mayor la pusieron los maestros de la CNTE; luego vinieron los reclamos de ciudadanos y hasta de empresarios por la Ley 3de3; de católicos contra el matrimonio igualitario; los médicos que salieron en 29 estados, ciudadanos de Chihuahua y Quintana Roo contra la impunidad de Gobernadores salientes…
Entonces podía sostenerse que eran insurrecciones cívicas, en su mayoría pacíficas. Pero el nuevo ingrediente en 2017 en un factor que debe ubicarse bien en este contexto.
¿Orquestadas?
Ojalá podamos coincidir en que las movilizaciones de insubordinación, no aparecen espontáneamente ni solamente por decisión de un centro de poder contra otro. Quedarse en eso es banalizar. Para que ocurran tienen que converger inconformidades y búsquedas comunes entre muchas personas, decenas, centenas, miles. El llamado mal humor social es yesca seca que prende con la menor chispa.
Salir a la calle para insubordinarse ya es un nivel más alto de conciencia social que la mera palabra irritada que se expresa entre muros decía bien Bertolt Brecht. Cuando se conjuntan cientos y miles de movilizados en todo un país debieran provocar señales de alerta máxima en los políticos, pero…
Ante este contexto es difícil no pensar en la ecuación que acuñara este otro clásico en el análisis de los comportamientos sociales de los Estados occidentales, Bernard Crick. Estos periodos y ciclos de virulencia social ocurren por la falta de verdaderos mecanismos políticos y de personas en el poder que (por ignorancia o fatuidad) tienen malas prácticas, ensucian y mancillan el nombre de la política por sus ambiciones y excesos y se cierran al análisis profundo. Pero, cada día la realidad mexicana nos muestra que faltan políticos que entiendan la política desde el Estado y tengan responsabilidad social verdadera.

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